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Sor Pilar Neira

 


Con profundo agradecimiento por los abundantes dones de Dios, la Congregación de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado proclama a 2007 como UN AÑO VOCACIONAL.

¡A lo largo de 137 años, nuestra misión y nuestros ministerios han florecido en Estados Unidos, México, Perú, Guatemala, Irlanda y Zambia! ¡Deseamos de corazón invitar a otros a compartir con nosotros esta profunda misión!

El Año Vocacional coincide con la preparación para nuestro Capítulo General de 2008. Es un tiempo sagrado para que cada una de nosotros renueve con fidelidad su dedicación a su vocación personal, sus privilegios y responsabilidades y examine su compromiso con la Congregación y su Misión.

Al reconocer los asombrosos dones que hemos recibido, nos sentimos obligadas a invitar a otras personas a explorar su corazón y preguntarse:

¿Estoy recibiendo el llamado de Dios para participar en el “amor sanador y salvador del Verbo Encarnado promoviendo la dignidad humana”?

¿No es la Congregación de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado, con sus diversas formas de participación en su misión y ministerio, un lugar donde yo puedo vivir con plenitud mi llamado apoyando a un grupo entusiasta que desea hacer realidad el amor de Dios en el mundo actual, y recibiendo apoyo de ese grupo?

Estas son nuestras actividades para este año—
• Invitar a otros a compartir la misión que se nos ha dado como un don,
• Hablarles de las múltiples formas en que pueden participar,
• Ayudarnos a comprender el misterio de la vocación personal y la interrelación que existe entre todas las vocaciones cuando trabajamos para construir el Reino de Dios.

Respondemos al llamado de nuestro Capítulo General de honrar y respetar la vocación de cada una de nosotras y su contribución con la Congregación. ¡Abrazamos este momento con entusiasmo, pues creemos que a nivel individual y comunitario podemos marcar una diferencia!

Nuestra Comunidad

2007 Nuestro Año Vocacional

Continuamos con nuestra serie de biografías de Hermanas en varias partes del mundo, donde comparten con nosotros su respuesta al llamado del Verbo Encarnado.

La Historia de mi Vocación -- Sor Bertha Flores, CCVI


Sister Bertha FloresEn mis años de vida religiosa, he tenido la oportunidad de trabajar en una variedad de entornos que han enriquecido y marcado mi vida. La misión de Santiago Tuxtla, Veracruz, la misión de Mongu en Zambia y mi trabajo actual con los inmigrantes hispanos en el Estado de Missouri, han penetrado profundamente en mi interior. En estos proyectos de trabajo y siempre, he sentido que la solidaridad con los pobres es un privilegio y una oportunidad.

Después de asistir a un retiro para jóvenes, supe que el Señor me estaba llamando a hacer algo diferente. En ese entonces tenía yo 18 años y era estudiante universitaria. Sentí la alegría de la presencia de Dios en mi corazón, y de pronto todo me pareció maravilloso, lleno de gozo y de luz. Empecé a trabajar con un grupo que daba pláticas en Retiros de Jóvenes; poco a poco, Jesús me llamó a dar más de mí misma; en mi interior sentía que le daría toda mi vida.

No obstante, yo necesitaba más tiempo con Jesús para llegar a conocerlo mejor, estar con Él para poder entregarlo a otros. Así es como entró a mi corazón el llamamiento a la vida religiosa.

Visité cuatro Congregaciones Religiosas diferentes. Siguiendo la intuición de mi corazón, decidí entrar a la Congregación que mejor conocía: Las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado. Lo que más me atrajo a ellas fue su sencillez, su alegría y su apertura.

En 1967 había menos cambios que en la actualidad, pero me encantó el espíritu de apertura, la sencillez y la alegría que percibí en el Noviciado. A la edad de 20 años entré a la Congregación.

Al terminar mi formación religiosa, estudié Psicología Clínica en la Universidad Nacional de México, a lo largo de un periodo de cinco años que se fueron volando. Esta fue una gracia de Dios y algo por lo que siempre estaré agradecida a las Hermanas que me dieron esta oportunidad que abrió las puertas de mi corazón y de mi mente.

En 1977, el Señor me llamó de manera gentil pero firme a trabajar entre los campesinos pobres de Tres Zapotes, Veracruz. Trabajé en esta zona trece años, recibiendo de esta comunidad más de lo que yo les daba. Aprendí a enseñar a leer y a escribir a los adultos, a mejorar su nutrición a base de frijol soya, a formar líderes en las comunidades cristianas en los sesenta y nueve territorios de la aldea donde teníamos este ministerio de evangelización. ¡Estos años dejaron en mi vida una profunda marca espiritual; años llenos de gozo, de incontables aventuras y de una vida comunitaria llena de significado, a pesar de las carencias económicas y de la intensidad del trabajo! Nunca olvidaré los meses en que la lluvia destruía los caminos. A menudo teníamos que visitar las comunidades a caballo, subiendo y bajando montañas, acercando el coche tanto como podíamos.  A veces pedíamos prestados un par de bueyes para sacar el coche del lodo, y nosotros no dejábamos de reírnos aunque estábamos cubiertas de lodo hasta las rodillas. Todo era motivo para ser felices y reír, aunque llegábamos a nuestro destino varias horas tarde. Los campesinos solían decirnos que teníamos un buen carrito pero que necesitaba un buen chofer.

A lo largo de mi vida religiosa, he tenido la oportunidad de trabajar en diferentes entornos, y todos ellos me han enriquecido y han marcado mi vida. Trabajé en la misión de Santiago Tuxtla, en la Misión de Zambia, y en la actualidad trabajo entre los inmigrantes en Missouri, Estados Unidos. Estas experiencias han dejado una profunda impresión en mi ser interior. En cada uno de estos proyectos he vivido la solidaridad con los pobres; un privilegio y una gran oportunidad.

En Mongu, Zambia, trabajé con muchos bebés, huérfanos y jóvenes víctimas del SIDA. Desarrollé un programa para dar atención psicológica y social a niños de 8 a 14 años de edad, a jóvenes de 15 a 22 años y a sus padres adoptivos. Por desgracia, no tuve tiempo para desarrollar un programa para niños menores de 7 años, aunque también era muy necesario. La comunidad de Mongu dejó en mi una profunda marca. Las maestras jubiladas con quienes trabajé tenían una gran riqueza que habían adquirido gracias a su experiencia. Eran mujeres fantásticas, llenas del deseo de trabajar y con el compromiso de darse apasionadamente a los demás. ¡Con ellas y un grupo de personas más jóvenes, trabajábamos con 30 grupos al mes! Trabajábamos mucho y con muy pocos recursos. Ahora, cuando lo recuerdo, me sorprende todo lo que fuimos capaces de lograr. Veo los grupos de los sábados en los diferentes vecindarios. Los sábados trabajábamos con aproximadamente 750 niños divididos en grupos de 30. Los atendían jóvenes voluntarios que jugaban volley-ball con ellos durante dos horas. Les servíamos el desayuno y ellos lo disfrutaban con tanto apetito y satisfacción que cuando lo recuerdo me siento profundamente emocionada. Se organizaron campeonatos en las cuatro zonas.

En mi trabajo actual con los hispanos, documentados e indocumentados, en Jefferson City, Missouri, y en California, experimento el gozo de estar con ellos en momentos de gran necesidad y cuando están enfermos. El grupo médico de la ciudad los recibe y los atiende con cuidado y generosidad. La mayoría de las personas respetan a los hispanos pues reconocen que son buenos trabajadores. La comunidad católica de inmigrantes está llena de vida. Casi la mitad de sus miembros tiene menos de seis años. Durante la Misa, hay un área especial donde los niños pueden llorar, gritar, correr, etc. Los adultos tratan de ignorar todo esto y concentrarse en la Eucaristía, pero a veces no lo logran. La mayoría de los adultos participan activamente en la preparación para la Misa y asisten a ella con devoción.

Durante mi vida religiosa, también he trabajado en escuelas y hospitales donde he visto el rostro de Jesús en los jóvenes, en los enfermos y en los trabajadores rebosantes de salud.

Mi vida como mujer consagrada ha estado llena de crecimiento y de oportunidades de servicio. En verdad puedo decir que he recibido el cien por ciento en todo.