Al meditar en el misterio de Dios en el mundo, nos maravillamos ante la presencia de Dios en toda la creación y en nuestro interior. Nuestro mundo sufre debido a numerosos problemas, pero Dios está con nosotros en la lucha por sanarlo, brindándole plenitud y salud.

Desde el principio, Dios derramó la vida como un río de amor sobre toda la creación. En la plenitud de los tiempos, ese amor se reveló en Jesucristo, el Verbo Encarnado. A cada uno de nosotros se nos invita a responder al Dios de amor, a decir nuestro “Sí”, a hacer que el amor de Cristo sea una presencia real y tangible en el mundo día tras día.

¿Cómo podemos hacerlo? Dios ya puso en nosotros el deseo y espera nuestra respuesta. Nuestro “Sí” a Dios libera el poder de Dios en nuestro interior; el poder para transformar todas las cosas en todas direcciones. Mientras vivimos la esperanza por la plenitud de la transformación del mundo, caminamos en solidaridad con los que luchan. Siguiendo el ejemplo de Jesús, hacemos nuestros los gozos, las esperanzas y los sufrimientos de la humanidad.

Compromiso con la Justicia y la Paz

Esperanza y Sanación

Una fuente de aguaLlega una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dice: "Dame de beber." Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice a la mujer samaritana: "¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?" (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.) Jesús le respondió: "Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva." Le dice la mujer: "Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?" Jesús le respondió: "Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna." Le dice la mujer: "Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla."

El le dice: "Vete, llama a tu marido y vuelve acá." Respondió la mujer: "No tengo marido." Jesús le dice: "Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad." Le dice la mujer: "Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar." Jesús le dice: "Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad." Le dice la mujer: "Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo explicará todo." Jesús le dice: "Yo soy, el que te está hablando."

La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente:  "Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?"

Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por las palabras de la mujer que atestiguaba: "Me ha dicho todo lo que he hecho."  Y fueron muchos más los que creyeron por sus palabras, (Juan 4: 7-43)