Compromiso con la Justicia y la Paz
La dignidad de la persona humana se basa en que fue creada a imagen y semejanza de Dios. En Cristo, que es “la imagen del Dios invisible”, (Col 1:15) se le han dado características que le dan un lugar aparte de otras especies y se le exige un tipo de comportamiento que refleje el amor y compasión de Dios. “Cada ser humano es una persona, es decir, se le ha dotado de inteligencia y libre albedrío y por consiguiente, tiene derechos y obligaciones” (Pacem in Terris).
Algo inherente a nuestra identidad como personas creadas a imagen de Dios, es el derecho natural a la existencia, a la libertad, a respetar a otros y a ser respetado por ellos; el derecho a nuestro buen nombre, a la libertad de conocer la verdad de nuestra existencia; y el derecho dentro “de los límites del orden moral y el bien común”, de tener libertad de palabra, libertad de prensa y libertad para seguir la profesión que queramos elegir”, (Pacem in Terris, 9). Por extensión, es obvio que la persona humana tiene el derecho de ser informada con exactitud sobre los acontecimientos públicos. (Id.)
Como se dice en Pacem in Terris, la Encíclica del Papa Juan XXIII sobre la paz entre los pueblos, una paz que ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad (1963), la persona humana tiene el “derecho natural de compartir los beneficios de la cultura, y por consiguiente, a recibir una buena educación general y formación profesional y técnicas al nivel del desarrollo educativo del país en que vive, Además, un sistema debe diseñarse de tal manera que proporcione a los miembros de la sociedad dotados de talento la oportunidad de dedicarse a estudios más avanzados, con el propósito de ocupar, en la medida de lo posible, posiciones de responsabilidad en la sociedad, de acuerdo a sus talentos naturales y a las destrezas que han adquirido." (Pacem in Terris, 9).
Los derechos humanos se basan en la verdad, la verdad sobre los seres humanos, y su utilidad es que nos permiten lograr una realización personal al participar en un bien básico. La verdad de los derechos y libertades de la persona, una e inseparable, debe reconocerse ante la sociedad y el estado, sin que la ubicación geográfica o la experiencia cultural representen restricción alguna. “Sin embargo, este orden espiritual, cuyos principios son universales, absolutos e inmutables, tiene su origen único en un Dios verdadero, personal y que trasciende a la naturaleza humana. Dios, en efecto, por ser la primera verdad y el sumo bien, es la fuente más profunda de la cual puede extraer su vida verdadera una convivencia humana rectamente constituida, provechosa y adecuada a la dignidad del hombre” (Pacem in Terris, 26).
Vínculo con la Declaración Universal de Derechos Humanos http://www.un.org/Overview/rights.html
