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Cuando una hermana "profesa" sus votos, le está haciendo promesas al Señor de vivir de cierta manera, se consagra a una vida en Dios y para la gente de Dios. Las Hermanas del Verbo Encarnado toman estos votos de castidad, pobreza y obediencia.

Una manera de entender los votos es dentro de contexto del profeta Miqueas. Miqueas nos dice claramente que halaguemos a Dios, que lo honramos si amamos con ternura (castidad), actuamos justamente (pobreza), y caminamos humildemente con nuestro Dios (obediencia).

El amar con ternura es el vivir en la relación ideal, y el dejar que la compasión domine todas nuestras relaciones. Tenemos que promover la reconciliación, y hacer de la no-violencia un camino de vida. Tenemos que ser vulnerables y estar abiertas a la transformación. El amar con ternura celebra el valor y la dignidad de la persona humana, de acuerdo a toda la creación y nos llama a actuar en todas nuestras relaciones de este modo.

El actuar justamente es estar en la relación correcta con Dios, su gente, la creación y los bienes materiales. Significa vivir una espiritualidad de suficiencia, vivir con lo mínimo, contentarnos con lo que tenemos. Tenemos que trabajar por cambios estructurales y sistemáticos buscando la justicia. Significa tratar todo con equidad, relacionarnos a todo sin exclusión. Tenemos que nuestro ser con totalidad y generosidad, no debemos controlar ni dominar.

El caminar con humildad con Dios es una obediencia que demanda que seamos fieles a una inclusiva y justa forma de ser. Tenemos que pararnos ante los precipicios, en solidaridad con cualquier persona o creación que ha sido dejada afuera o atrás. La obediencia demanda que estemos en un diálogo activo con Dios, escuchando y respondiendo con un corazón abierto y tierno.

 

 

 

 

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