MIÉRCOLES, 24 marzo de 2010
“Vine de parte de Dios y aquí estoy” Jn 8, 31-42 . Al echar una mirada a la realidad que Jesús está enfrentando encontramos engaño y contradicción respecto a Dios, a su designio, a sus promesas; con una falsa y amañada interpretación de la Escritura y la Tradición, construyendo una imagen distorsionada de Dios en favor de la clase religiosa; del lugar santo y de la casa de oración han hecho el centro de dominio y explotación del pueblo, haciéndole creer que a Dios sólo le interesa la persona “buena”, que cumple puntualmente la ley y demás obligaciones religiosas. En fin, mírese desde donde se mire, la realidad que viven los paisanos y contemporáneos de Jesús está viciada de falsedad, mentiras y engaños. . Por ello cada palabra o acción de Jesús, da a entender que la realidad que le toca enfrentar en su momento es un cúmulo de engaños y contradicciones. En ese marco, Jesús se presenta como vía del encuentro con la Verdad a condición de aceptarlo a él como el enviado de Dios. “La verdad los hará libres”, esto es vivir conforme a nuestra vocación de hijas/os de Dios; esta “libertad implica siempre aquella capacidad que en principio tenemos para disponer de nosotras/os mismas, a fin de ir construyendo una comunidad y una participación que han de plasmarse en realidades definitivas, sobre tres planos inseparables; 1.-la relación de la persona al mundo, como señor; 2.-a las personas, como hermana/o; y 3.-a Dios, como hijas-hijos” (Puebla 321s.) Aceptar, entonces a Jesús, es aceptar que Dios está aquí, que camina a nuestro lado, que vive nuestra circunstancias, que asume nuestra realidad y respalda nuestras iniciativas de búsqueda de una mejor vida. . REFLEXIÓN: En el documento de las “Palabras Gestoras” leemos: “Relacionarnos es abrirnos al Misterio Trinitario, presente en todo cuanto existe: toda la creación y cada persona. Nuestras relaciones se recrean conmigo misma, con el prójimo, con Dios y con la creación; estas relaciones asumidas, expresadas y recreadas, han de ser fuente, impulso de Vida Nueva, en la vivencia de la Encarnación a la que somos llamadas.” ¿En qué consiste esa vida en la libertad, qué condición hay que cumplir? . Verbo Encarnado, te adoro y te amo con todo mi corazón
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