JUEVES, 18 de marzo de 2010
“El Padre que me envió, da testimonio de Mi” Jn 5,31-47 . Jesús continúa la misma discusión con los judíos sobre el tema de su autoridad para realizar trabajos en sábado y la legitimidad de su persona y sus acciones, por varias cosas: Primero, hay un testimonio humano que lo respalda; (cuando Juan lo presenta: Jn.1,29) y no es el único ni definitivo testimonio, hay que tenerlo en cuenta. Segundo, los testimonios en la misma Escritura, y su base principal es Moisés; y Tercera, el testimonio por encima de todos: Dios mismo que lo ha enviado y cuyas obras son las mismas. . Quienes escuchan a Jesús tienen suficiente ilustración, estudian las Escrituras! Y pueden rechazarlo o aceptarlo, por esto, son los únicos responsables de su propio juicio. Hay una expresión muy interesante entre todas las que dirige Jesús a los judíos, “ustedes estudian la Escritura pensando que encierra vida eterna, porque ella da testimonio de mí, pero ustedes no quieren venir a mí para tener vida”. Por tanto no basta conocer, hay que vivir; no basta la fe, hay que actuar. No es suficiente estar en el centro mismo de la fuente de vida, es necesario ser consciente y aceptar que esa fuente es nuestra vida! . Al leer el texto sagrado es necesario pensar que Dios nos habla para este momento preciso que estamos viviendo; que las personas que nos rodea y los acontecimientos diarios son parte de la palabra que se hace profecía y vida en nosotras/os en el “aquí y en el ahora”. Tener fe, es creer que la palabra leída con atención y devoción, es viva y actual, que me interpela bajo las condiciones particulares en las que vivo cada día. Al leer la Escritura necesitamos tener la actitud de Jesús en la sinagoga y decir con EL: "Hoy se cumple esta palabra que acaban de oír". . REFLEXIÓN: “Nuestra vida es una oración cuando, como María, acogemos la acción del Espíritu, quien revela al Padre y encarna al Verbo en nosotras y en los demás por nuestro medio. La vida de oración da sentido a la misión y ésta, a su vez, enriquece nuestra oración dándole plenitud.” (Constituciones CCVI No. 32) . Verbo Encarnado, te adoro y te amo con todo mi corazón
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