106ª Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado

por Sep 18, 2020Blog, Grupo de Trabajo de Inmigración, Justicia, Paz y Tierra, Oración0 Comentarios

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Como Jesucristo, obligados a huir

Acoger, proteger, promover e integrar a los desplazados internos

 

Cada año desde 1914, el último domingo de septiembre nuestra Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por Migrantes y Refugiados. A la luz de los trágicos acontecimientos que han marcado el año 2020, el Santo Padre ha elegido como tema de este año «Forzados como Jesucristo a huir» para centrar la atención en la pastoral de los desplazados internos. El Papa Francisco nos llama a reconocer el drama de quienes experimentan el desplazamiento y a abrazar a todas las personas que están experimentando situaciones de precariedad, abandono, marginación y rechazo como resultado de COVID-19.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo…

 

SALMO

 

Cuando hablamos de migrantes,
inmigrantes, refugiados y desplazados,
demasiado a menudo nos detenemos en las estadísticas.
¡Pero no son números, sino personas!
Creador de la vida, que al conocer pueda comprender.

Todas(os): Danos tu gracia no sólo para saber sus historias, sino también para estar disponible para comprenderles.

Que nuestros miedos no nos distancien de los demás,
que nada nos impida «ser prójimo»
y de servir con amor.
Creador de la vida, queremos hacernos prójimo para servir

Todas(os): Danos tu gracia de estar disponibles a acercarnos y servir va más allá del estricto sentido del deber.

Abre nuestros oídos, mente y corazón para escuchar
el grito de los más vulnerables, los desplazados
y de nuestro planeta gravemente enfermo.
Creador de vida, queremos escuchar para reconciliar.

Todas(os): Danos tu gracia para reconciliarnos con nuestro prójimo, con todos los «descartados», con nosotras mismas y contigo.

La pandemia nos recuerda
cómo todas las personas estamos en un mismo barco.
Nadie puede salvarse de modo aislado.

Creador de la vida, queremos compartir para crecer.

Todas(os): Danos tu gracia para aprender a compartir y crecer como una sola familia humana, sin dejar a nadie atrás.

La pandemia nos ha recordado cuán esencial
es la corresponsabilidad y
que sólo con la colaboración de todas y todos
—incluso de los grupos a menudo subestimados—
es posible encarar la crisis.
Creador de la vida, queremos involucrar para promover.

Todas(os): Danos tu gracia para tener el coraje de crear espacios donde todas las personas puedan reconocer su llamado, y permitir nuevas formas de hospitalidad, hermandad y solidaridad.

La construcción del Reino de Dios
es un compromiso común de toda persona que cree en Jesús,
y por eso se requiere que aprendamos a colaborar,
sin dejarnos tentar por los celos, las discordias y las divisiones.
Creador de la vida, queremos colaborar para construir.

Todas(os): Danos tu gracia para comprometernos en asegurar la cooperación internacional, la solidaridad global y el compromiso local, sin dejar fuera a nadie.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…

 

SILENCIO

 

LECTURA

En la huida a Egipto, el niño Jesús experimentó, junto con sus padres, la trágica condición de desplazado y refugiado, «marcada por el miedo, la incertidumbre, las incomodidades. Lamentablemente, en nuestros días, millones de familias pueden reconocerse en esta triste realidad. Casi cada día la televisión y los periódicos dan noticias de refugiados que huyen del hambre, de la guerra, de otros peligros graves, en busca de seguridad y de una vida digna para sí mismos y para sus familias». Jesús está presente en cada uno de ellos, obligado —como en tiempos de Herodes— a huir para salvarse. Estamos llamados a reconocer en sus rostros el rostro de Cristo, hambriento, sediento, desnudo, enfermo, forastero y encarcelado, que nos interpela. Si lo reconocemos, seremos nosotros quienes le agradeceremos el haberlo conocido, amado y servido. Los desplazados internos nos ofrecen esta oportunidad de encuentro con el Señor, «incluso si a nuestros ojos les cuesta trabajo reconocerlo: con la ropa rota, con los pies sucios, con el rostro deformado, con el cuerpo llagado, e incapaz de hablar nuestra lengua».

Extracto del Mensaje del Papa Francisco, 2020

 

SILENCIO

 

GESTO: Cada persona enciende una vela y luego la coloca alrededor de la imagen de San José.

ORACIÓN FINAL

Padre, Tú encomendaste a San José lo más valioso que tenías:
el Niño Jesús y su madre, para protegerlos de los peligros
y de las amenazas de los malvados.
Concédenos experimentar su protección y su ayuda.

Él, que padeció el sufrimiento de quien huye
a causa del odio de los poderosos,
haz que pueda consolar y proteger a todos los hermanos y hermanas que,
empujados por las guerras, la pobreza y las necesidades,
abandonan su hogar y su tierra,
para ponerse en camino, como refugiados, hacia lugares más seguros.

Ayúdales, por su intercesión,
a tener la fuerza para seguir adelante,
el consuelo en la tristeza, el valor en la prueba.
Da a quienes les acogen
un poco de la ternura de este padre justo y sabio,
que amó a Jesús como un verdadero hijo
y sostuvo a María a lo largo del camino.

Él, que se ganaba el pan con el trabajo de sus manos,
pueda proveer de lo necesario a quienes la vida les ha quitado todo,
y darles la dignidad de un trabajo y la serenidad de un hogar.
Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo,
que San José salvó al huir a Egipto,
y por intercesión de la Virgen María,
a quien amó como esposo fiel según tu voluntad.
Amén.

 

¡Alabado sea el Verbo Encarnado!

 

 

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