Como los pueblos Amazónicos, cuidamos la creación

por May 29, 2019Blog, Justicia, Paz y Tierra0 Comentarios

PRIMERA ACCIÓN SIGNIFICATIVA DIOCESANA: “CON PEDRO PESCADOR CUIDAMOS LA CREACIÓN”

Objetivo:

Sensibilizarnos en el cuidado de la creación (la casa común) a ejemplo de la vida de los pueblos amazónicos.

Introducción:

La Iglesia de Chimbote desde el año 2015 viene sensibilizándose en la tarea de “Amazonificar la Iglesia y de Laudatosificar la sociedad”; es decir de tomar conciencia al interior de la vida de la Iglesia del cuidado de la creación, del planeta, que es nuestra casa común. Y a su vez de ayudar a toda la humanidad de cuidar el planeta pues es creación de Dios, a la luz del mensaje de Laudato Si y de los valores presentes en la vida de los pueblos amazónicos.

“Amazonificar la Iglesia y de Laudatosificar la sociedad”: Una frase inventada por su el Cardenal Humes, presidente de la REPAM, y compartida por el vicepresidente, el Cardenal Pedro Barreto,  en la Semana Social que la Comisión Episcopal de Acción Social – CEAS organizara el pasado mes de Noviembre del 2018.

El Cardenal Pedro Barreto nos invitó a ayudar a propagar esta frase y su significado. Con esta gran motivación y los acuerdos de nuestra Asamblea Diocesana de Pastoral queremos que nuestra primera acción significativa tenga como contenido, para nuestra formación de fe, el gran reto de cuidar de nuestra casa común.

Mirando nuestra realidad:

¿Pero es la amazonia lo único que tenemos que cuidar en el planeta?

Es verdad que hay que cuidar la amazonía y así lo estudiaremos desde el folleto de la REPAM publicado por el CAAAP (Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica): “AMAZONÍA Nuevos Caminos para la Iglesia y para una Ecología Integral”.

El respeto por la cultura de los pueblos originarios, la extracción minera, la contaminación de lagos, lagunas y ríos, la tala indiscriminada de los árboles, la trata de personas, el narcotráfico entre otros grandes problemas, que se desatan de la depredación del planeta, es nuestra tarea en el cuidado de la casa común. Así nos comprometemos a vivir en el Manifiesto del 13 de Abril de este año, en el Cerro de la Paz, con ocasión del Vía crucis iniciando como Iglesia particular, la semana santa 2019.

También es verdad que debemos preocuparnos de cuidar el planeta en nuestro entorno de realidad. Cuidar de nuestra casa común, el planeta como nos pide el Papa Francisco, es tarea de la humanidad, de cada sociedad y cultura en su entorno (Documento Preparatorio sobre Amazonía: Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral. Vaticano.2108. No. 15: “Nuevos caminos”)

La pregunta para nosotros en la Diócesis de Chimbote –provincias de Santa, Casma y Huarmey, del Departamento de Ancash en nuestro Perú- tiene que ver con el cuidado del mar, de los ríos y lagunas, de la tierra y el aire. Pero sobre todo del cuidado por el respeto a un pueblo que viene forjándose en la historia, respeto a su cultura y dignidad humana.

En los acuerdos pastorales en el tiempo de la prelatura, las cartas de Mons. Carlos Santiago Burke, por Pascua o Navidad o frente a los problemas sociales, marcaban la línea pastoral en defensa de la creación: de la dignidad de los pescadores, siderúrgicos, maestros y sus familias. En definitiva del pueblo frente a la contaminación de la Bahía.

También Mons. Luis Bambarén logro acuerdos importantes en bien de los chimbotanos y chimbotanas. El “canon pesquero”, “la caja de beneficios del pescador”. La salvaguarda del vivero forestal. La Iglesia ha estado presente en el proceso nos sólo histórico sino también en la historia de los pescadores, de los siderúrgicos –en su momento-, de los miles emigrantes de nuestra sierra, llegados a nuestras costas (Chimbote-Casma-Huarmey) en la esperanza de una calidad de vida mejor… y formamos ésta la Iglesia local.

Queremos plantear una reflexión que nos ayude a inter-relacionar la problemática de la amazonia y el cuidado de nuestra tierra:

1. El respeto por las comunidades originarias de la Panamazónia cómo el de nuestro pueblo en la Diócesis de Chimbote: Las ciudades de Chimbote, Casma y Huarmey. Su cultura: costumbres y tradiciones, espiritualidad y religiosidad popular, etc.

2. Asumir como tarea el favorecer una toma de conciencia por cuidar la creación cuando como Iglesia nuestros obispos de la panamazonia, desde su voz profética, quieren seguir luchando por las personas de las comunidades originarias, quienes comparten su cultura y han abrazado con alegría el evangelio de Jesucristo sintiéndose parte de nuestra Iglesia universal. Este reto es un ejemplo para nuestra tarea evangelizadora. Recordar las palabras de nuestro beato mártir Sandro Dordi nos ayudaría a la reflexión:

“Es de suma importancia conocer la realidad que nos rodea  y tener prioridades. Para mí, llegado de una cultura eclesial diferente es necesaria la superación de una mentalidad que podría impedir la formación de las comunidades cristianas abiertas y comprometidas en el cambio de los pueblos. La integración y la conversión del misionero condicionan la validez de su presencia en el respeto de las culturas que encuentra. El misionero no es conquistador, sino un servidor y un amigo. No puede presentarse con una tonta superioridad que impide caminar al lado de los demás como igual y servidor. Si la gente no se diera cuenta que venimos de otra nación sería mejor. Esto vale sobre todo para la gente humilde y probada por la fatiga y la pobreza. Además de las limitaciones que son evidentes, la fe y la bondad de estas personas nos hacen reflexionar mucho. Hay valores auténticos para resaltar. Para ser misionero es necesario ser humilde; por eso se habla de servicio y de inter cambio. Es bueno trabajar con discreción, eliminando el orgullo de quien piensa saber más, debe desaparecer lo que es propio del italiano, del español, del francés, del americano, para ser solamente miembro del pueblo al cual se sirve”  (P. Martín Salgado A. “TESTIGOS DE LA ESPERANZA: Una catequesis para la comunidad” Grafica Editora Don Bosco. Lima 2015. Pág. 57-58).

¿Qué conocemos de la historia religiosa y civil de nuestros pueblos que pertenecen a la diócesis de Chimbote?

¿Nos hemos preocupado por incorporar a “nuestra evangelización, su cultura y espiritualidad?

¿Hemos respetado los signos y gestos propios de la religiosidad popular?

3. Nuestros obispos de la REPAM luchan frente a la extracción y todo aquello que deplora y depreda la naturaleza que nuestros hermanos y hermanas de la amazonia cuidan desde tiempos ancestrales y se han hecho uno con la naturaleza que Dios les ha brindado. “Por otro parte, la amenaza contra los territorios amazónicos “también viene por la perversión de ciertas políticas que promueven “la conservación” de la naturaleza sin tener en cuenta al ser humano y, en concreto a los hermanos y hermanas amazónicos que habitan en ellas” La orientación del Papa Francisco es clara: “Creo que el problema principal está en cómo conciliar el derecho al desarrollo incluyendo también el derecho de tipo social y cultural, con la protección de las características propias de los indígenas y de sus territorios” En este sentido, siempre debe prevalecer el derecho al consentimiento precio e informado” (Documento preparatorio, No.5).

4. Sería conveniente plantearnos un interrogante en nuestra tarea evangelizadora: ¿En qué medida protegemos nuestro medio ambiente? En la historia de nuestra Iglesia particular y en la ciudad de Chimbote, hemos tenido pronunciamientos a favor del medio ambiente y del pueblo: (cartas pastorales del 1978-79, se trabajó a favor del canon pesquero en los años 80-90, pronunciamientos y labor de ONG Natura, entre otros). Recordar que el pulmón de la ciudad “el vivero forestal” ha sido confiado al cuidado de la diócesis, así como el cerro de la juventud.

Hoy tenemos colectivos que van haciendo tomar conciencia del cuidado de la Bahía. Tal vez no sea suficiente limpiar la playa y los desperdicios frente a la Urbanización La Caleta.

¿No será que es hora que la Iglesia –nosotros: clérigos y laicos- junto a la sociedad civil, debemos tener mayor incidencia política para exigir a quienes elegimos democráticamente, que es hora de descontaminar el mar de nuestra hermosa bahía de Chimbote?

¿Será importante pensar que antes de hacer un mega puerto, las chimbotanas y los chimbotanos, nos merecemos también inculcar “el buen vivir” que nuestros hermanos y hermanas de la amazonia defienden en su relación con lo que Dios nos ha reglado desde la creación y poder así asumir que es relevante para tener una mejor calidad de vida, de salud y educación?

¿Hasta cuándo vamos a soportar la contaminación ambiental?

Es verdad que hay leyes municipales que regulan a las fábricas pesqueras, sobre los filtros de las chimeneas, sin embargo seguimos siendo asesinados “de a pocos” cada “noche” cuando éstas funcionan “legalmente” y botan sobre nuestra ciudad, su contaminación que respiramos.

Cuando se formó Chimbote, nuestros ancestros, los pescadores empezaron a ganarse la vida pescando en caballitos de totora, luego en sus “chalanitas”, después de pescar sacaban sus pequeñas redes a ser limpiadas en los patios de sus casas o en el frontis de ellas. Su trabajo “artesanal” iba de la mano con su devoción a san Pedrito. Así educaron a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Todos ellos hasta hoy, siguen siendo relegados por la industrialización del aceite, harina y conserva del pescado.

¿Será ya tiempo de alzar nuestra voz profética –como nos enseñan nuestros obispos de la amazonia- y poder empezar a desarrollar una política educacional frente al mar, dejando de convertirlo en basurero de la ciudad?

¿Podremos arriesgarnos a denunciar la contaminación ambiental que genera una vida condenada a la muerte (muchos de nuestros familiares, amigos y agentes de pastoral, mueren con cáncer al pulmón por la contaminación del humo de las fábricas o por el “spray marino” que se respira en el aire)… seremos capaces?

5. Nuestros hermanos en la Amazonía luchan frente a la extracción minera, la tala de los árboles “pues ellos cuidan de la naturaleza y la naturaleza los alimenta” (documento preliminar No). La acción significativa del decanato campo centro, el año pasado tenía que ver con la defensa y conservación del agua. Una laguna en las alturas de Jimbe se quiere destruir para sacar “según los estudios” el oro que vive debajo de ella. La extracción minera nos sólo va a contaminar la laguna y los ríos, podría incluso desaparecer la vida de los pueblos de la cuenca: la calidad de la vida humana, la ganadería y la agricultura.

¿Podremos como Iglesia diocesana, seguir tomando partido por la vida digna y la vida del valle, como lo vienen haciendo los agentes de pastoral de la cuenca?

A la luz de nuestra Fé:

Será conveniente recordar:

  • Acuerdos pastorales del año 1972.1978. Prelatura de Chimbote.
  • Cristo cuenta contigo. Acuerdos sobre la Pastoral social.
  • LAUDATO SÍ. CAPITULO SOBRE LA CONVERSIÓN ECOLÓGICA.

  • Folletos sobre Laudato Sí. Vicaría de Pastoral 2018.
  • Documento preparatorio al Sínodo de los Obispos. Asamblea especial para la región Panamazónica: AMAZONÍA: Nuevos Caminos para la Iglesia y para una ecología Integral.
  • Folleto: AMAZONÍA NUEVOS CAMINOS PARA LA IGLESIA Y PARA UNA ECOLOGÍA INTEGRAL. Documento preparatorio VERSION POPULAR. ELABORADO POR LA REPAM y editado por CAAAP.

Nuevos caminos:

Los retos son muchos pero empecemos por lo primero:

  • La conversión ecológica pasa por la conversión personal como nos enseña el Papa Francisco. Recordar al inicio del tema las palabras de nuestro Beato mártir Sandro debería ayudarnos a todos nativos y extranjeros, en la Iglesia y sociedad a querer dar estos signos de conversión.
  • La toma de conciencia por buscar una ecología integral pasa por querer hacer de nuestra evangelización una proclamación del evangelio de Cristo “que ayude a todos hacernos uno con la naturaleza” creada por nuestro Padre Dios y recapitulada por nuestro Salvador, que murió y resucito por nuestra salvación.
  • El respeto entre seres humanos y con mayor razón entre cristianos es el primer paso para poder crear una pastoral ecuménica a favor del cuidado de la casa común: En nuestra realidad (diócesis). La lucha por la dignidad humana, la justicia a favor de los más desfavorecidos, la reconciliación y la paz con justicia social debería ser una expresión de nuestra amistad con Jesucristo, la Iglesia y su pueblo.
  • La tarea evangelizadora no debería contraponerse en ningún corazón de los agentes de pastoral de nuestra Iglesia con la tarea democrática y social: a favor de las personas y del cuidado de nuestra casa común. Todas las actividades pastorales, especialmente las sacramentales nos deben ayudar a comprender la grandeza de vivir y hacer lo correcto en los temas sociales: El trabajo por la dignidad y los derechos humanos, el cuidado de la casa común, de lo creado, la lucha contra la corrupción, la lucha contra todo tipo de violencia (delincuencia generalizada en el país, violencia domestica contra la mujer, feminicidio y la trata de personas, el narcotráfico y todo tipo de violencia venga de donde venga, etc).
  • Profundizar la catequesis de los signos sacramentales como por ejemplo:
    • En el bautismo, el agua. Signo de la vida para todo ser humano (ríos, mares, lagos, lagunas, glaciales, etc).
    • Pan y vino de la eucaristía: destacar el trabajo de los campesinos y campesinas. Las empresas y fábricas que dan trabajo para elaborar el vino. Su uso comunitario para celebrar la vida. El pan de cada día, junto a la oración del padre nuestro, en todos los ambientes casa, familia, escuela, trabajo, etc. El vino para celebrar la alegría de los acontecimientos especiales donde brindamos por ellos.
    • LG 11 afirma: “La eucaristía es la fuente y culmen de la vida cristiana” Con ella bebemos y llegamos a la plenitud de la vida en Cristo. ¿Será que podemos beber y llegar a la plenitud de la santidad en las relaciones humanas de cada día: en el respeto y dignidad de quienes compartimos el cuidado de la casa común y para la humanidad entera?
    • Destacar la unción (catecúmenos, bautismo, confirmación, sacerdocio, enfermos) como signo del sello por el compromiso a la vocación y vida de Dios.
  • “Incidencia política” frente a la descontaminación de la Bahía, de los ríos y lagunas en nuestro medio ambiente. Buscar desde los profesionales que educamos en nuestras universidades católicas y contando con toda la sociedad civil, poder ayudar a quienes elegimos, con un proyecto concreto frente a este flagelo.
  • “Voz de los que no tienen voz”: La voz de los pueblos originarios de nuestra diócesis. La voz de los pescadores y de las familias que fundaron e hicieron la historia de Chimbote. De las ciudades de Casma y Huarmey. La voz de los campesinos y campesinas de nuestras comunidades del campo. Su voz en la voz de nuestros obispos, misioneros y misioneras

NOTA:

Hacer un consolidado a nivel parroquial y decanal para compartir nuestras reflexiones el día 30 de mayo, a nivel diocesano.

 

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