Solemnidad de San Pedro y San Pablo

por Jun 28, 2018Blog, Liturgia0 Comentarios

“Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella”. (MATEO 16:18)

“Nosotros somos testigos de estas cosas”.

San Pedro, el Principal entre los Apóstoles; San Pablo, el Apóstol de los Gentiles.


En los Hechos de los Apóstoles leemos cómo después de la muerte de Jesús, los Apóstoles continuaron con su Ministerio:

 «Por aquel tiempo el rey Herodes decidió apresar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Hizo matar a espada a Santiago, hermano de Juan, y, al ver que esto agradaba a los judíos, mandó detener también a Pedro.

Eran precisamente los días de la fiesta de los Panes Ázimos. Después de detenerlo lo hizo encerrar en la cárcel bajo la vigilancia de cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno.

Su intención era juzgarlo ante el pueblo después de la Pascua. Y mientras Pedro era custodiado en la cárcel, toda la Iglesia oraba incesantemente por él a Dios.

Llegaba el día en que Herodes iba a hacerlo comparecer; aquella misma noche Pedro estaba durmiendo entre dos soldados, atado con dos cadenas, y otros guardias custodiaban la puerta de la cárcel. De repente la celda se llenó de luz: ¡estaba el ángel del Señor! El ángel tocó a Pedro en el costado y lo despertó diciéndole: «¡Levántate en seguida!» Y se le cayeron las cadenas de las manos.

El ángel le dijo en seguida: «Ponte el cinturón y las sandalias.» Así lo hizo, y el ángel agregó: «Ponte el manto y sígueme.» Pedro salió tras él; no se daba cuenta que lo que estaba ocurriendo con el ángel era realidad, y todo le parecían visiones. Pasaron la primera y la segunda guardia y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió sola. Salieron y se metieron por un callejón, y de repente lo dejó el ángel.

Entonces Pedro volvió en sí y dijo: «Ahora no cabe duda: el Señor ha enviado su ángel para rescatarme de las manos de Herodes y de todo lo que proyectaban los judíos contra mí.»» Hechos de los apóstoles 12:1-11

 

REFLEXIÓN

El ángel del Señor rescatará a aquellos que le temen.
Bendeciré al SEÑOR en todo momento; su alabanza siempre estará en mis labios.

Mi alma se gloriará en el SEÑOR; los humildes me escucharán y se alegrarán.

Glorifiquen al SEÑOR conmigo, alabemos su nombre juntos.

Yo busqué al SEÑOR y él me respondió y me liberó de todos mis temores.

Acudan a él y el gozo los hará radiantes, y sus rostros no se avergonzarán.

Cuando al pobre clama, el SEÑOR lo escucha, y lo libera de todos sus pesares.

El ángel del SEÑOR está cerca de los que temen al SEÑOR, y los libera.

Perciban y vean cuán bueno es el SEÑOR; bienaventurado el hombre que se refugia en él.

 

San Pablo describe su servicio a Jesucristo

Porque yo ya estoy para ser derramado como una ofrenda de libación, y el tiempo de mi partida ha llegado. He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe. En el futuro me está reservada la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me entregará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

Pero el Señor estuvo conmigo y me fortaleció, a fin de que por mí se cumpliera cabalmente la proclamación del mensaje y que todos los gentiles oyeran. Y fui librado de la boca del león. El Señor me librará de toda obra mala y me traerá a salvo a su reino celestial. A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. (2 Timoteo 4:6-8, 17-18)

 

Jesús le pide a Pedro que dirija a su Iglesia:

Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?

Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.

El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Y yo también te digo, que tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. (Mateo 16:13-19)

“Tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi Iglesia,
y las puertas de Hades no prevalecerán contra ella”. (Mateo 16:18)

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