Tercer Domingo de Cuaresma: Dios le Presenta a la Humanidad los Diez Mandamientos

por Mar 4, 2018Blog, Liturgia0 Comentarios

El Libro del Éxodo describe la forma en que Dios, por amor a su pueblo, presentó los diez mandamientos, como un medio para alcanzar la Salvación Eterna:

«Entonces Dios dijo todas estas palabras:
«Yo soy Dios, tu Señor,
el que te sacó de Egipto, país de la esclavitud.
No tendrás otros dioses fuera de mí.
No te harás estatua ni imagen alguna
de lo que hay arriba, en el cielo, abajo,
en la tierra, y en las aguas debajo de la tierra.
No te postres ante esos dioses, ni les sirvas.
Porque yo, Dios, tu Señor, soy un Dios celoso.
Pido cuentas a hijos, nietos y biznietos
por la maldad de sus padres que no me quisieron.
Pero me muestro favorable hasta mil generaciones
con los que me aman y observan mis mandamientos.

No tomes en vano el nombre de Dios, tu Señor,
porque Dios no dejará sin castigo a aquel que toma su nombre en vano.

Acuérdate del día del Sábado, para santificarlo.
Trabaja seis días, y en ellos haz todas tus faenas.
Pero el día séptimo es día de descanso, consagrado a Dios, tu Señor.
Que nadie trabaje: ni tú, ni tus hijos, ni tus hijas,
ni tus siervos, ni tus siervas, ni tus animales,
ni los forasteros que viven en tu país.
Pues en seis días Dios hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en ellos, y el séptimo día descansó.
Por eso bendijo el Sábado y lo hizo sagrado.

Respeta a tu padre y a tu madre,
para que se prolongue tu vida sobre la tierra
que Dios, tu Señor, te da.

No mates. No cometas adulterio.

No robes.

No atestigües en falso contra tu prójimo.

No codicies la casa de tu prójimo.
No codicies su mujer, ni sus servidores,
su buey o su burro. No codicies nada de lo que le pertenece.»»

ÉXODO 20:1-17

REFLEXIÓN SOBRE EL HOMENAJE DE JESÚS A LA CASA DE SU PADRE

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados detrás de sus mesas.

Hizo un látigo con cuerdas y los echó a todos fuera del Templo junto con las ovejas y bueyes; derribó las mesas de los cambistas y desparramó el dinero por el suelo.

A los que vendían palomas les dijo: «Saquen eso de aquí y no conviertan la Casa de mi Padre en un mercado.» Sus discípulos se acordaron de lo que dice la Escritura: «Me devora el celo por tu Casa.» Los judíos intervinieron: «¿Qué señal milagrosa nos muestras para justificar lo que haces?»

Jesús respondió: «Destruyan este templo y yo lo reedificaré en tres días.» Ellos contestaron: «Han demorado ya cuarenta y seis años en la construcción de este templo, y ¿tú piensas reconstruirlo en tres días?»

En realidad, Jesús hablaba de ese Templo que es su cuerpo.

Solamente cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron de que lo había dicho y creyeron tanto en la Escritura como en lo que Jesús dijo.

Jesús se quedó en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, y muchos creyeron en él al ver las señales milagrosas que hacía. Pero Jesús no se fiaba de ellos, pues los conocía a todos y no necesitaba pruebas sobre nadie, porque él conocía lo que había en la persona.

Juan 2:13-25

“LA CASA DE MI PADRE ES UNA CASA DE ORACIÓN…”


Imagen: Dios le Presenta a la Humanidad los Diez Mandamientos | Crédito de la imagen: Shutterstock

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