Triduo

por Abr 18, 2019Blog, Liturgia0 Comentarios

Triduum

Triduo: los Tres días. Estos son los días más santos. Conforman la celebración más importante del año: la Pascua. ¿Pero cuáles son los días que forman parte del Triduo?

Los tres días del Triduo se cuentan utilizando la manera en que los judíos marcaban el tiempo: de una puesta del sol a la siguiente. De modo que el primer día del Triduo es de la puesta del sol del Jueves Santo hasta la puesta del sol del Viernes Santo. El segundo día es de la puesta del sol del Viernes Santo hasta la puesta del sol del Sábado Santo. El tercer día es de la puesta del sol del Sábado Santo (la gran Vigilia Pascual) hasta la puesta del sol del Domingo de Pascua (Vísperas de Pascua).

Tendemos a pensar en los Tres Días como sucesos conmemorativos separados y distintos: el Jueves Santo recordamos la Última Cena, el Viernes Santo recordamos la pasión y el Sábado Santo recordamos la resurrección. Pero en nuestra liturgia, la Iglesia no considera que la Última Cena fue lo último que pasó el Jueves Santo, sino lo que pasará en el Viernes Santo.   

Estos Tres Días son un solo momento. Caminamos (o nos arrastrarnos) hacia este momento el Jueves en la noche y al salimos (o danzamos) el día de Pascua. Entre esos dos momentos, hay una gran cantidad de historias y cantos, ritos y momentos de descanso, ayunos y festejos. Los Tres Días son tiempo fuera del tiempo, son el centro de nuestro año y de nuestra vida.

(adaptado de The Three Days [Los Tres Días], de Gabe Huck)

Jueves Santo

La Misa de la Cena del Señor

El Jueves Santo marca el final de la Cuaresma y el inicio de la celebración del gran Triduo. En los tres días del Triduo, nos reunimos varias veces, y juntos, escuchamos algunas de las oraciones y escrituras más hermosas de la Iglesia. El Jueves, después de escuchar las escrituras, lavamos los pies de nuestros hermanos. Nos arrodillamos con jarras de agua, con tinas y toallas. Jesús nos dio esta imagen de lo que se supone que la Iglesia debe ser, de cómo debe sentirse y de cómo debe actuar. Este es un ensayo de la Vida Cristiana, como lo es lo que hacemos después, una colecta a favor de los pobres.

Después, celebramos la Eucaristía. La liturgia de la noche no tiene fin: ya sea que nos quedemos orando un rato o que nos vayamos, ahora estamos en el silencio, en la paz y en la gloria del Triduo.

Preguntas para Reflexionar:

Jesús dice: “…ustedes deben lavarse los pies unos a otros”. “…Yo les he dado un ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo que yo les he hecho”.

¿A quiénes les lavo yo los pies? ¿A quiénes sirvo? ¿A quiénes evito lavarles los pies? ¿A quiénes ignore? ¿Quién me lava los pies? ¿A quiénes les permito estar cerca de mí?

Viernes Santo

La celebración de la pasión del Señor

Nuestra celebración del Triduo continúa el Viernes Santo con la Pasión del Señor. La liturgia comienza con el silencio, luego siguen oraciones y luego la liturgia de la palabra. La estructura de la liturgia de la palabra es sencilla: sagrada escritura, silencio, salmo, sagrada escritura, silencio, aclamación del Evangelio, la proclamación de la pasión, la homilía, intercesiones. Las intercesiones tienen una forma compleja. La cruz se lleva solemnemente al lugar de la asamblea y todos la veneran. El rito termina con servicios de comunión muy sencillos y la liturgia termina como comenzó, en silencio.

Se identifica a Jesús como: ¡Rey verdadero!, El nuevo Cordero Pascual, Nueva Creación, Fuente de vida nueva.

Preguntas para Reflexionar:

¿Cuál es la cruz en mi vida? ¿Cómo se me llama a abrazar esa cruz? ¿Es mi cruz una cruz de sufrimiento, o veo “victoria en mi cruz? ¿En qué aspecto de mi vida veo “muerte y resurrección”? ¿Cómo veo a Jesús como “fuente de vida nueva?

La Vigilia Pascual

Con hambre y emoción, la Iglesia se reúne en la oscuridad. Se bendice el Fuego de Pascua; se enciende la vela con el fuego nuevo diciendo estas palabras: “Que la Luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas de nuestros corazones y de nuestras mentes”. El diácono acepta la vela de manos del Padre Juan, y la procesión comienza.

Al entrar a la iglesia, el diácono eleva el Cirio Pascual y exclama tres veces: “Cristo es nuestra Luz”, y nosotros respondemos: “¡Gracias a Dios!”. Todos recibimos la luz del Cirio Pascual y permanecemos de pie mientras el sacerdote proclama el “Exultet”, el Pregón Pascual.

Este canto hace honor a su nombre: “Exulta”. Es un canto de victoria, un canto nupcial para Dios y la humanidad, la tierra y el cielo. Es teología en su forma más pura, es el himno que la Iglesia anhela cantar. Tomando en cuenta su nombre y la aclamación de los hechos de esa noche, es obvio que la Iglesia entiende que esta noche es sacramental.

Escuchamos algunas de las lecturas bíblicas más poderosas nos acercamos a la fuente da agua bendita y bendecimos las aguas. Se recibe a los catecúmenos para que formen parte de una comunión total con la Iglesia. Estos son los momentos en que la muerte y la vida se encuentran, cuando rechazamos el mal y entregamos nuestras promesas a Dios. Juntos, nos acercamos a la mesa y celebramos la Eucaristía de la Pascua. Comienza el Domingo de Pascua y estamos listos para celebrar Cincuenta Días de gozo.

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