El amor en tiempos de crisis

por Feb 20, 2017Blog, Nuestras historias, Reflexiones0 Comentarios

Love in times of crisis

Por Sor Adriana Calzada V.

Me ha llevado muchos días escribir esta reflexión. Por donde lo veo es muy complicado escribir sobre el amor, me parece casi imposible definirlo, me siento con poca autoridad para aconsejar  o atreverme a sugerir cómo deberíamos amar.

Este último pensamiento me viene tras haber caminado por las calles de Chicago esta semana, con un frío y viento helados, y haber pasado a lado de personas en la calle pidiendo, al menos una en cada esquina, y simplemente haber pasado de largo. Sé que esta es una situación muy complicada y que la instrucción es no dar dinero, pero yo podría dar al menos atención, una sonrisa, una mirada de reconocimiento a una persona. Algo no funciona bien cuando todas estas personas están ahí, algo no funciona bien cuando miramos nuestro entorno y encontramos tanto vacío, tanto dolor, tanto miedo. Algo no funciona cuando nuestra sociedad enfrenta tantos retos como los actuales.

Me pongo a pensar y descubro que es más fácil describir cómo es el sentirme amada, recorro a mi familia y a mi familia religiosa, a mis amistades, a las personas con quienes he compartido en el camino de manera cercana. Me siento reconfortada, me siento abrazada y es casi abrumador recibir tanto. Pero este amor es uno que doy por sentado, es casi “lógico” que estas personas me quieran y se supone que todas quieren lo mejor para mí. Recibir este amor tiene un impacto transformador en mi persona. Entonces empiezo a reflexionar en cómo es sentirme amada por aquellas personas que no pertenecen a esos círculos. Y habrá quienes pregunten si es posible sentir amor de parte de desconocidos.  Y para mí la respuesta es: sí.  Yo lo he sentido y me he sentido abrazada, apoyada, motivada, agradecida. Este recibir requiere de un deseo intencional y consciente de recibirlo, para reconocerlo en donde menos lo esperamos. Creo que este amor recibido de quienes no conozco tiene la misma capacidad de invitarme a ser mejor persona, creo que tiene la misma capacidad transformadora y por lo tanto el mismo potencial para transformar tantas situaciones que nos rodean que no comprendemos y que nos duelen.

Me parece que la invitación más concreta que encuentro, en relación al “amor en tiempos de crisis” es a abrirme a percibir, recibir y agradecer el amor, de donde sea que venga. Y entonces, casi de manera automática lo estaré regresando porque es tanto que no hay espacio para almacenarlo. Tiene que ser reflejado, repartido, regalado. Pero lo importante es que lo haga de manera indistinta, no seleccionando a quienes me es más fácil amar, no seleccionando a quienes conozco mejor, no seleccionando a quienes estén más dispuestos a recibirlo. Pequeñas obras, pequeños gestos que hagan a la otra persona sentirse amada. Es sólo darlo reconociendo que la misma esencia nos conforma, que es la misma Palabra la que nos habita y nos conecta. Poco a poco impactaremos la vida de otras personas, al igual que cada día y poco a poco la nuestra es tocada. Así iremos tejiendo una “red” de amor, de la que nadie quede fuera y con la cual podamos dar soporte especialmente a aquellos espacios en los que es urgente que el amor sea más tangible. Así como el de Dios al encarnarse en Jesús.

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