El Mejor Anfitrión

por Nov 27, 2016Blog, Nuestras historias, Reflexiones0 Comentarios

Siempre que tenemos frente a nosotros una gran celebración, preparamos todo con esmero: la limpieza, la decoración, los alimentos, la iluminación… Lo hacemos porque queremos que nuestros invitados se sientan felices en nuestro hogar y puedan ver en cada detalle el cariño que les tenemos y la alegría que nos da contar con su presencia.

El Adviento es un tiempo que nos ofrece la oportunidad de prepararnos para ser los mejores anfitriones de Jesús, Verbo Encarnado, a su llegada en la próxima Navidad. La palabra latina “adventus” significa “venida”.

Se trata de un periodo de cuatro semanas en las que se nos invita a disponer nuestros corazones para celebrar con esperanza y alegría la llegada de Nuestro Señor. Este año, comenzará hoy, domingo 2 de diciembre y finalizará el 24 de diciembre.

Como símbolo de nuestro compromiso para ejercitar las virtudes y limpiar nuestros corazones, en esta etapa se colocan en las iglesias y los hogares unas coronas con cuatro velas. El círculo de ramas verdes simboliza el amor continuo de Dios y la inmortalidad del alma. Completan la corona tres velas color púrpura y una rosa. Durante la víspera o el día de Navidad puede encenderse una quinta vela, blanca, al centro.

Existen pequeñas variaciones culturales en el simbolismo específico de cada una de las velas. Sin embargo, en general, se acepta que la primera vela es encendida en un ambiente solemne y sobrio, como reconocimiento del camino que nos falta recorrer para que nuestro corazón esté preparado para la gran celebración de la llegada de Jesús. En esta primera semana se nos invita a reflexionar acerca de la venida del Señor al final de los tiempos y a vivir la conversión, buscando –principalmente- el perdón y la armonía con nuestros semejantes.

La segunda semana nos invita al Sacramento de la Reconciliación y a reafirmar nuestra esperanza. La luz de la segunda vela nos recuerda que Él vendrá a iluminar nuestros corazones y a despertarnos a la hermosa presencia de Dios en nuestras vidas. Nos hace reflexionar en que, para acogerlo, necesitamos obtener también su perdón y recibir Su gracia.

La vela de color rosa, que se enciende en la tercera semana, fusiona el púrpura de las velas del tiempo de vigilia y el blanco de la llegada de Jesús. Se usa como símbolo de la alegría de saber que el Señor está cada vez más cerca.

El encendido de la cuarta vela nos incita a pensar en cómo poco a poco Jesús va acortando las distancias, haciéndose humano y llegando a nuestras vidas para permitirnos luchar contra el mal y las tinieblas.

Por último, la vela blanca nos recuerda que Cristo es la Luz del mundo que ilumina plenamente nuestras vidas con su amor y misericordia.

En este adviento, aprovechemos para hacer penitencia, fortalecer nuestra vida espiritual y compartir con quienes nos rodean la esperanza en la segunda venida de Cristo. En pocas palabras, vivamos una profunda y plena experiencia de acercamiento a Dios, renovando Su reino entre nosotros.

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