Religiosa CCVI de Texas usa dinero de una empresa para luchar contra el fracking

por Oct 24, 2016Blog, Justicia, Paz y Tierra, Nuestras historias, Prensa0 Comentarios

Sister Elizabeth Riebschlaeger in downtown Nordheim: ‘I call it redeeming the money.’ Photograph: Tom Dart for the Guardian

Una Hermana en una misión: una religiosa de Texas usa dinero de una empresa petrolera para luchar contra la fracturación hidráulica [fracking].

S. Elizabeth Riebschlaeger, de 80 años de edad, con fondos de derechos mineros de una propiedad familiar, está respaldando la campaña contra la fracturación hidráulica en la tranquila ciudad de Nordheim.

“Yo lo llamo redimir el dinero”, dijo S. Riebschlaeger, saboreando un sándwich de pavo en un bar; donde en la pared del mismo se encuentra empotrada una cabeza de un vedando junto a un cartel de John Wayne de tamaño real.

Hace aproximadamente seis años, cuando la fracturación hidráulica llegó a ser febril en el esquisto conocido como Eagle Ford Shale, una empresa ofreció rentar los derechos mineros a unas tierras que el abuelo de S. Elizabeth compró en la década de 1920.

S. Elizabeth llevó a cabo una investigación sobre las consecuencias de la fracturación hidráulica (extracción de gas natural bombeando agua, arena y sustancias químicas a alta presión en pozos muy profundos) y no le agradó lo que encontró. Sin embargo, su abogado le dijo que la empresa encontraría una forma de conseguir los derechos con o sin su consentimiento.

Ella tomó una decisión: “Lo que hare es aceptar el dinero y usarlo para algo que promueva un desarrollo responsable”.

Esta religiosa decidió donar el dinero que recibiría por el petróleo y el gas que le pertenecían para financiar actividades de vigilancia, y pedir cuentas a la industria del petróleo y el gas, y advertir sobre los efectos dañinos de un capitalismo regulado con ligereza que produce riquezas inmediatas.

Esta religiosa de 80 años recorre la región educando, defendiendo y detectando abusos, a menudo en un vehículo Honda Civic blanco con más de 250,000 millas recorridas. Su parabrisas se daña constantemente con los escombros que los camiones dejan en las carreteras, y en las defensas del auto lleva letreros que dicen “No te metas con Texas” y “No a los hoyos de desecho”.

Debido a su voto de pobreza, las ganancias de los derechos minerales de S. Elizabeth están destinados a su congregación religiosa, las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado de San Antonio, Texas, que está financiando sus viajes.

S. Elizabeth está respaldando una campaña de largo alcance que lleva mucho tiempo para impedir que se construya un hoyo de desechos de fracturación hidráulica fuera de los límites de la ciudad de Nordheim, solo a media milla de la vía principal y de una escuela a la que asisten aproximadamente 170 alumnos. Se trata de una batalla muy llamativa en el Eagle Ford, que tiene una extensión de aproximadamente 400 millas a través del sur de Texas, desde la frontera con México hasta los condados al noroeste de Houston.

“Desde que comenzó la fracturación hidráulica, hemos tenido una actividad frenética y desaforada. Todo el mundo se apresuraba para lograr que se perforaran esos pozos”, comentó ella.

“La calidad del aire y la seguridad se deterioraron mucho. Mucha gente murió en accidentes en las carreteras”.

 

A boarded-up building in downtown Nordheim. Photograph: Tom Dart for the Guardian

Un edificio clausurado en el centro de Nordheim. Fotografía: Tom Dart para el periódico The Guardian

 

El primer pozo del auge del Eagle Ford Shale se perforó en 2008. Ese año, se entregaron 26 permisos de perforación. En 2014, en la cumbre de este frenesí, la cifra aumentó a 5,613. En medio de una constante desaceleración económica de la industria, se entregaron 642 permisos de enero a agosto de este año.

Un panorama de ranchos ganaderos se llenó de pozos petroleros. A medida que los vehículos recorrían caminos que antes habían sido rutas campiranas tranquilas. Los accidentes fatales en la región aumentaron un 40% entre 2011 y 2012.

“El sueño Americano de un hombre rápidamente se convierte en la pesadilla Americana de otro hombre”, comentó. “Lo único que tienes que hacer es conducir tu auto por ahí para ver los daños que se están causando al entorno. Y señalo estas cosas para decirle a la gente que esto puede informarse”.

Para muchas personas es difícil digerir el ritmo rapaz del aumento de actividad en la fracturación hidráulica y el estrés que este proceso causa en el entorno, incluso en un estado pragmático y conservador que debe gran parte de su prosperidad al desarrollo petrolero.

“Nosotros ni siquiera regábamos nuestros jardines cuando había sequía. Ahora vemos el agua salir a chorros y para que la gente pueda desperdiciarla en ese hoyo”, señaló Lyn Janssen, cuyo rancho de pastoreo está a poca distancia y al que se llega por el mismo camino donde tienen planeado hacer el depósito de desechos.

Aunque otros lugares cercanos han crecido y se han llenado de vitalidad al aprovechar los beneficios económicos de este auge, Nordheim ha seguido siendo tranquilo. Las personas cuyas familias han vivido aquí por generaciones y desean una zona rural pacifica donde retirarse, prefieren la tranquilidad. Lo que podría explicar por qué, a diferencia de sus vecinos, la población de 307 personas que viven en Nordheim, luchó contra estas actividades.

Al menos habrá un incremento sustancial en el tráfico industrial. Los habitantes de la localidad temen que, en el peor de los casos, el hoyo y las celdas de deshechos tendrán mal olor y liberarán sustancias químicas tóxicas en el aire y en la tierra. La zona es de 143 acres, lo que representa más o menos la mitad de la ciudad.

Los reglamentos federales permiten un índice de fugas máximo de 100 galones por acre al día en las celdas de deshechos y 1000 galones por acre al día de los hoyos. Además existe inquietud sobre el potencial de fugas y derrames. Una tubería subterránea para gas pasa por esta zona. En 2014 tuvo una ruptura muy cerca de la zona poblada y contaminó la tierra.

“Si esto se lleva a cabo, esta ciudad morirá dentro de cinco años”, predijo Larry Baucum, cuando estaba sentado frente al mostrador de un bazar de curiosidades llamado Nordheim Mercantile. En una ventana, junto a un letrero que anuncia las hora en que el bazar está abierto, tres días a la semana, hay un cartel con una calavera y dos huesos cruzados que lleva la frase: “No tiren basura en Nordheim”.

Él cree que los negocios y los residentes podrían huir. “No es que estemos en contra de los hoyos; yo trabajé en campos petroleros”, dijo este hombre de 69 años de edad. “Pero estamos en contra de su ubicación. Nadie tiene derecho a ponerlos junto a los límites de nuestra ciudad”.

Un grupo de residentes de Nordheim se reunió para formar un grupo llamado “Preocupados por la Contaminación [Concerned About Pollution (CAP)]. Cuentan con conocimientos técnicos y un carácter tenaz; escribieron cartas, se presentaron en las audiencias en Austin y se las arreglaron para posponer la entrega de permisos por tres años.

Su batalla finalmente señaló los poderes limitados de la entidad que regula el petróleo y el gas del estado, que lleva el nombre anacrónico de Comisión Ferrocarrilera de Texas, que a menudo ha recibido acusaciones ya que goza de una relación demasiado cálida con las industrias que supervisa.

Cuando se confirmó el permiso en mayo, la empresa promotora, Petro Waste Environmental, hizo una declaración diciendo: “Los altos estándares de seguridad y cumplimiento de la ley son nuestra más alta prioridad. Son valores centrales de la empresa que tienen un papel vital en el diseño y el proceso de ingeniería de estas instalaciones”.

 

Paul Baumann in front of the planned waste site near Nordheim. Photograph: Tom Dart for the Guardian

Paul Baumann frente de la zona de desechos que se se planea tener cerca de Nordheim. Fotografía: Tom Dart para el periódico the Guardian

 

CAP no aceptó la derrota: presentó una demanda en Austin para desafiar la decisión. Pero la victoria parece poco probable.

El presidente de CAP, Paul Baumann, nació en Nordheim y es dueño de una propiedad que renta cerca de la zona. Su hermano y su sobrino viven cerca de la entrada. Este hombre de 72 años de edad regresó a esta ciudad después de una carrera de trabajo en una planta química de DuPont cerca de Houston.

“Pensé que iba a estar lejos de las sustancias químicas y que iba a respirar el aire limpio de esta zona”, comentó con tristeza antes de conducir su camioneta por el camino lleno de piedras cerca de la futura área de desechos que pasa a lo largo de plantíos donde danzan miles de mariposas.

“Es una situación terrible”, dijo S. Elizabeth. Pero su cruzada infatigable contra “el capitalismo sin valores morales o éticos” en el Eagle Ford Shale continúa.


Fuente: The Guardian.

En el encabezado: S. Elizabeth Riebschlaeger en la zona centro de Nordheim: ‘Yo lo llamo redimir al dinero’. Fotografía: Tom Dart del Periódico The Guardian.

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