Solemnidad de la Santísima Trinidad

por May 26, 2018Blog, Liturgia0 Comentarios

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; a Dios que es, que era y que será. ¡Aleluya, aleluya!

Moisés le Habla al Pueblo sobre Dios:

 Porque pregunta ahora de los tiempos pasados, que han sido antes de ti, desde el día que crió Dios al hombre sobre la tierra, y desde el un cabo del cielo al otro, si se ha hecho cosa semejante a esta gran cosa, o se haya oído otra como ella.

¿Ha oído pueblo la voz de Dios, que hablase de en medio del fuego, como tú la has oído, y vivido?

¿O ha Dios probado a venir a tomar para sí gente de en medio de otra gente, con pruebas, con señales, con milagros, y con guerra, y mano fuerte, y brazo extendido, y grandes espantos, según todas las cosas que hizo con vosotros Jehová vuestro Dios en Egipto ante tus ojos?

Aprende pues hoy, y reduce a tu corazón que Jehová él es el Dios arriba en el cielo, y abajo sobre la tierra; no hay otro.

 Y guarda sus estatutos y sus mandamientos, que yo te mando hoy, para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, y prolongues tus días sobre la tierra que Jehová tu Dios te da para siempre. (Deuteronomio 4:32-34, 39-40)

Jesús les pide a sus Apóstoles que “hagan discípulos de todas las naciones”, bautizándolos en Nombre de la Santísima Trinidad.

Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que[a] Jesús les había señalado.  Cuando le vieron, le adoraron; mas algunos dudaron. Y acercándose Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra.  Id, pues, y haced discípulos de[b] todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin[c] del mundo (Mateo 28:16-20)

Reflexión de San Pablo sobre los Hijos de Dios:

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.  Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡Abba! ¡Padre!» El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.  Y, si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues, si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria.. (ROM 8:14-17)

¡Bendito sea el pueblo que el Señor ha elegido como su pueblo! (Salmo. 33:4-5)

 

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