Un Jubileo de Gratitud

por Mar 4, 2019150 Aniversario, Blog0 Comentarios

Celebración del Sesquicentenario CCVI.

[Reflexión con las lecturas Lev. 25,9-12; Sal 125; 1 Jn 1-4; Lc 4, 16-22]

¡Alabado sea el Verbo Encarnado!

La alegría se percibe en toda nuestra Congregación, porque este mes de marzo de 2019 el “cuerno del carnero”- la trompeta del jubileo- estará sonando en todos los rincones donde se ha extendido la Familia del Verbo Encarnado.  Quiero imaginar cuántas personas se sumarán a este tiempo de jubileo y ni siquiera sé cómo calcularlas: hermanas, asociadas, nuestros colaboradores presentes y pasados, los pacientes, estudiantes, exalumnas y exalumnos, indígenas, las comunidades del barrio, todas las personas a las que servimos con nuestro Carisma; y claro, nuestras amistades y familias.

¡A cuántas personas llegará el sonido de la trompeta de nuestro Jubileo!

Pero también la escucharán todos las y los integrantes de esta gran Familia del Verbo Encarnado que viven la promesa de la Resurrección.  Esa gran “nube de testigos” de nuestro Carisma, también se llena de júbilo.  Tenemos que empezar con una gran reverencia a todas esas mujeres valientes, las Hermanas CCVI de nuestra historia, que se entregaron, que lucharon, que tomaron riesgos, que fracasaron, que se levantaron, que se mantuvieron unidas, que sufrieron y gozaron por el Carisma.  Estamos aquí gracias a ellas.  Estamos aquí porque perseveraron. Agradecemos que cada una se entregó por completo para extender el Reino de Dios.  Hagamos una pausa para considerar los nombres de todas estas hermanas en el corazón del Verbo Encarnado. 

[Pausa en silencio e invitar a nombrar a las Hermanas]

Este sesquicentenario será un Año Santo, como lo anuncia el libro del Levítico, porque regresaremos todos y todas al seno de la Familia CCVI para agradecer, celebrar, reflexionar y renovar nuestro compromiso.  Este Jubileo nos invita a adoptar dos amorosas miradas, una hacia nuestra herencia y otra hacia nuestro legado.  Miraremos nuestra historia como herencia: será un año para reconocer la misericordia de Dios en ella, y también para pedir perdón y reconciliarnos unas con otras, un año para agradecer el camino de las que nos antecedieron, pero también para dar gracias por las que caminan hoy con nosotras; será un año para reconocer que todo lo vivido es gracia, no para inflar el orgullo, sino para contar bendiciones.   

Al mismo tiempo, este año es oportunidad para mirar hacia nuestro legado, hacia el futuro.  Si herencia es lo que hemos recibido, legado es lo que nosotras dejaremos.  En esta mirada, necesitamos leer los nuevos signos de los tiempos, entender cómo nuestro Carisma se mantendrá vibrante al responder con generosidad y en colaboración.  Será un año para adentrarnos en nuestros compromisos capitulares de ser mujeres “místicas y proféticas, y audaces” … será un año para reconocer que el futuro de nuestro Carisma es un futuro de colaboración con los hombres y mujeres que también han sido llamados a nuestro Carisma- colaboradores en la misión, asociadas, amistades, benefactores.  

¡Viviremos un año santo agradecidas por nuestra herencia y comprometidas con responder al llamado de ofrecer un legado!  

Hoy al inicio de nuestro sesquicentenario, les comparto la oración por este año Jubilar del Equipo de Liderazgo:

Gratitud  

Pedimos al Verbo Encarnado vivir con gratitud.  El Salmo nos dice que “Dios ha hecho grandes cosas por nosotras y estamos agradecidas”. Nos llena de gratitud que hemos colaborado con Dios, que Dios ha hecho en nosotras maravillas con el barro que somos.  Nuestra Familia del Verbo Encarnado necesita vivir con agradecimiento por este camino recorrido, necesitamos invitar a la gratitud a todas las personas que han sido alcanzadas por esta obra de Dios en nosotras. Decía mi abuela, “un corazón agradecido, es un corazón bendecido.”  

Comunión

Pedimos al Verbo Encarnado el don de la comunión. El Jubileo solo se puede celebrar en comunidad.  Queremos vivir este año santo como Cuerpo Congregacional, redescubriendo el don maravilloso de nuestra diversidad en comunión.  Éste es un Jubileo de todas y todos, necesitamos estar unidas, unidos. La energía que experimentamos por el Jubileo sucede cuando estamos juntas, cuando ponemos nuestros dones al servicio, y cuando nuestro granito de arena, por muy pequeño que sea, beneficia a los demás.

Tiempo de Soltar/Acoger

Pedimos al Verbo Encarnado que nos otorgue la gracia de “soltar”, de dejar descansar la tierra, para poder acoger. Así como las manos en nuestro símbolo jubilar están abiertas para soltar y recibir, pedimos que podamos adentrarnos con delicadeza a nuestra vulnerabilidad como personas y congregación, al silencio y soltar todo aquello que nos impide disponernos delante de Dios en total apertura y verdad.  Que esas manos sean una llamada a estar abiertas a recibir lo que Dios nos pide, que lo hagamos con paciencia sin apresurar el ritmo, que podamos esperar amorosamente lo que Dios nos mostrará. 

Reconciliación

Pedimos al Verbo Encarnado, nos conceda vivir un año de perdón, de encuentros que reconcilien.  Pedimos que cada una haga el silencio y el espacio para buscar la reconciliación con su propia historia, y con las demás.  Que tengamos encuentros que nos transformen, que podamos tocar la fragilidad de nuestras hermanas con misericordia, reconocimiento y cariño.  Pedimos que este año sepamos acompañar, y sentirnos acompañadas.

Creadoras de Jubileo

Pedimos al Verbo Encarnado que este año jubilar nos permita seguirle más de cerca. Como discípulas de Jesús necesitamos ser creadoras de jubileo.  

Necesitamos crear jubileo en nuestras comunidades, en los lugares donde servimos en nuestro mundo, en nuestra Iglesia sumida en crisis sedienta de verdad, en nuestras sociedades cada vez más polarizadas.  Necesitamos crear jubileo para tantas personas desplazadas. 

Necesitamos crear jubileo restaurando la dignidad humana, cuidando de la creación, sabiendo apreciarnos unas a otras, creando redes con personas de buena voluntad.   

     

Familia del Verbo Encarnado, viviremos un AÑO DE GRACIA, nuestro gozo será contagioso y daremos testimonio del Jubileo que Jesús creó.  

Es un año de mucha esperanza, y así queremos vivirlo. Pedimos al Verbo Encarnado que vivamos con intensidad y consciencia este año, en unidad.

¡Nuestro Jubileo ha comenzado! ¡Que suene la trompeta!

“Una vida para Dios, y un corazón para los demás”.

Que así sea, AMÉN.

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