Una bendición irlandesa

por Mar 15, 2020Blog, Reflexiones0 Comentarios

Los brazos de Dios alrededor de mis hombros,

el toque del Espíritu Santo sobre mi cabeza;

La señal de la Cruz de Cristo sobre mi frente,

el sonido del Espíritu Santo en mis oídos;

la visión de la compañía del cielo en mis ojos,

la conversación de la compañía del cielo en mis labios;

el trabajo de la Iglesia de Dios en mis manos,

el servicio de Dios y el prójimo en mis pies;

un hogar para Dios en mi corazón, y para

Dios, el Padre de todos, todo mi ser. Amén.

Espiritualidad celta en la vida cotidiana

Para los primeros cristianos celtas, no había distinción entre la religión y la vida cotidiana, no había división entre los reinos espiritual y material. Percibían el espíritu divino en cada persona, cada animal y planta y en cada evento. Y así, su fe religiosa impregnaba todos los aspectos de su existencia. Incluso las actividades más aburridas y mundanas requerían oraciones para las bendiciones de Dios. De igual manera, en los momentos de crisis, o las escenas de gran belleza, estimulaban oraciones de intensa emoción.

El origen de muchos poemas y oraciones celtas es incierto, ya que en su mayoría nos han llegado de boca en boca. Fueron recopilados y escritos por eruditos en el siglo XIX, quienes visitaron regiones remotas de Irlanda, Escocia, Gales y Cornualles, donde todavía se hablaban las antiguas lenguas celtas. Gran parte del material se remonta al gran florecimiento del cristianismo celta, iniciado por la llegada de San Patricio a Irlanda en el siglo V. Muchas de las oraciones se atribuyen a los tres grandes santos celtas, cuyos nombres aún entusiasman al alma cristiana, Patrick, Brigid y Colmcille. Los ermitaños y los evangelistas, los jefes y los campesinos usaron todas estas oraciones celtas en la vida diaria al descubrir cómo las emociones y las experiencias de la vida diaria se podían ofrecer a Dios.

El auge del cristianismo celta existió durante dos o tres siglos y luego comenzó a desvanecerse, abrumado por fuerzas espirituales más frías. Sin embargo, desde aquel momento, los cristianos celtas han redescubierto constantemente sus pérdidas, ya que se inspiraron nuevamente con su belleza. Hoy, continúan sacando a la luz su espiritualidad celta, para poder alimentar y santificar todos los aspectos de la existencia humana y así estar preparados para vivir la fe cada minuto de cada día de cada semana de cada año.

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