Reflexiones desde Uvalde, Texas

por Ago 4, 2022¿Qué hacemos?, Blog0 Comentarios

por Sor Marichui Bringas, CCVI

Jugar, sonreír es algo que debería ser normal en la vida de las y los niños. Esta semana en el campamento “Yo Puedo” organizado por las hermanas Teresianas, en Uvalde, Texas, y financiado por Catholic Extension, 10 hermanas provenientes de diferentes congregaciones tuvimos la oportunidad de estar presentes, jugar, apoyar el programa, hacer equipo junto con otras mujeres voluntarias del lugar.

Alrededor de 30 niñas y niños alumnos y amistades de las y los pequeños que fueron masacrados en el tiroteo del 24 de mayo pasado participaron, al principio con timidez y rostros serios, pues se percibía la duda y la inseguridad, pero con el transcurso de las horas y los días las y los niños empezaron a participar alegremente en todas las actividades.

Hicimos 4 equipos, Flores Blancas, Flores Rojas, Estrellas y Paz, a mí, como hermana de la Caridad del Verbo Encarnado, me toco ser la  líder de Flores blancas. La primera estación que visitamos fue “Espacio de fe y oración” cada día al visitar este espacio percibí el bálsamo sanador que brindaban las palabras serenas y profundas de la hermana Clarice para las y los niños; la presencia del Señor Jesús en sus corazones y un “Jesús “ (un hermoso muñeco de peluche) tamaño natural, que fue donado por otro de los campamentos, los infantes lo abrazaban y se dejaban abrazar por Él, allí surgieron las primeras sonrisas, los cantos alegres y serenos.

Al pasar a las siguiente estación, “Arte y manualidades” la creatividad se dejó ver, cada día elaboraron algún objeto que tuviera el significado de volver a empezar, tú puedes, una mariposa, un desestresante, aprender a respirar y retomar la paz interior, atrapar sus sueños y hacerlos crecer: espacios restauradores.

En la siguiente estación pude ver que las niñas y niños caminaban con más libertad, con confianza, jugaban, reían, una energía desbordante, la amistad, el trabajo en equipo, la solidaridad, la ternura fueron algunas de las demostraciones que se dieron de manera espontánea.

Lograr ver sonreír a una niña, a un niño en esta situación no fue tarea fácil. El recuerdo de lo vivido es una amenaza continua, la pérdida de una hermana gemela, de una mejor amiga, de la maestra, de sus primas o primos, vivirán para siempre en sus tiernos corazones; sin embargo, oramos por la Gracia de Dios sanadora.  Después, fuimos a ver los murales de la ciudad de Uvalde, como una ofrenda para el mundo que clama paz, justicia, solidaridad, sanación interior.

Al platicar con las madres y los padres de familia, con los ojos rojos por derrames de sangre y de lágrimas, contemplando los murales de sus hijas e hijos, pudimos  brindar presencia, oración y algunas veces palabras de consuelo.

Cada día que compartimos la mesa y la sonrisa de sus rostros agradecidos por el apoyo fue un regalo para nosotras.

Gracias Catholic Extension por habernos invitado y financiado para estar allí, donde la vida clama.

 


Pictures by ©️Catholic Extension.

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