Reflexión: Quinto Domingo de Cuaresma

por Abr 2, 2017Blog, Liturgia, Reflexiones0 Comentarios

En el Evangelio de hoy escuchamos el extraordinario relato de Jesús resucitando a Lázaro de entre los muertos.

Lázaro, María y Marta eran amigos de Jesús y sus discípulos, y estaban acostumbrados a proveer hospitalidad en su casa en Judea en sus viajes misioneros.

Lázaro se enfermó y sus hermanas le enviaron un mensaje a Jesús diciendo: «Aquel a quien amas está enfermo» Jesús les respondió: «Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para la gloria de Dios, para que por ella el Hijo de Dios sea glorificado», así que esperó dos días antes de partir hacia Betania en Judea. Él le dijo a sus discípulos: «Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo». Sus discípulos estaban confundidos con la palabra «dormir», así que Jesús dijo claramente: «Lázaro ha muerto … vamos a él».

Al llegar a Betania, Jesús se enteró de que Lázaro ya tenía cuatro días en el sepulcro y una multitud se había reunido para darle el pésame a María y Marta. Al acercarse a Jesús, Marta y María dijeron: «Maestro, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.» Jesús dijo: «Tu hermano resucitará… Yo soy la resurrección y la vida; todo aquel que cree en mí, aunque muera, vivirá y todo el que vive y cree en mí, nunca morirá».

Al ver a las hermanas llorando y también a la multitud de dolientes, Jesús se preocupó mucho y dijo: «¿Dónde lo habéis puesto?» Ellos respondieron: «Señor, Ven y lo verás». En ese momento, «Jesús lloró». Viendo esto, los judíos comentaban “Mirad cómo le amaba”.

En la tumba, Jesús ordenó que la piedra fuera removida, diciendo a las hermanas de Lázaro: «Si crees, verás la gloria de Dios».
Jesús alzó sus ojos al cielo y dijo: «Padre, gracias te doy por que me has escuchado. Yo sé que siempre me escuchas; pero lo he dicho por la multitud aquí presente, para que crean que Tú me enviaste… Él clamó a gran voz, «Lázaro, salid.» El hombre muerto salió.

Refiriéndose a los amarres del entierro, Jesús dijo: «Desatadlo y déjalo ir».

Como Jesús había predicho, Dios fue, en verdad, glorificado por este milagro de la resurrección de Lázaro de entre los muertos, «y muchos de los judíos presentes comenzaron a creer en Él».

Oremos:

Jesús, como un verdadero hombre, fue conmovido por la compasión y «lloró» por su amigo Lázaro, y como Dios eterno, lo levantó de la tumba.

A medida que nos acercamos a la Semana más Santa del año para la Iglesia, le pedimos a Jesús que ahora tenga piedad de nuestra condición humana y nos eleve a la vida nueva en Dios.

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