Apostolado de las Asociadas del Verbo Encarnado (AVE) de visita en el Instituto Nacional de Cardiología

por Dic 5, 2016¿Qué hacemos?, Blog, Salud0 Comentarios

Por Patricia Pacheco Prado, AVE, Comunidad Camino de Luz, Ciudad de México.

Les voy a contar la historia de José Ángel, un niño de 5 años con capacidades diferentes y su mamá la Sra. Patricia, quienes estuvieron en el hospital por más de dos meses, esperando el momento en que José Ángel fuera intervenido quirúrgicamente a corazón abierto.

Durante ese largo tiempo, se le pidió a la Sra. Patricia permanecer junto a su hijo día y noche, para cuidarlo y que no fuera a lastimarse, o caerse de la cama; ellos venían del Estado de Guerrero y no contaban con familiares en la Ciudad de México. Yo visito cada martes ésta sección del hospital, para ofrecer la comunión a los niños y familiares, platicamos sobre cómo se sienten y la situación de cada niño, oramos juntos y les doy la comunión.

Cuando platicaba con la Sra. Patricia me confiaba la situación en que se encontraba. Había días en la que ella solo comía una vez al día, tenía que encargar a su niño con alguna enfermera o con algún familiar de otro paciente, para salir a comer algo a la calle, o poder salir a bañarse, no había forma para poder descansar por la noche. Encontró muchas manos amigas, pero también algunas restricciones y reglas del hospital que le hacían difícil su estancia. En cada visita trataba de ayudarla pidiendo al departamento del voluntariado que la auxiliaran, con lo que fuera necesitando, logrando que le permitieran bañarse en el albergue, que le ofrecieran algo de comer y que le dieran la oportunidad de quedarse cuando su hijito fue intervenido. Es admirable la fe que tiene en Dios, siempre estaba orando y leyendo su Biblia.

Gracias a Dios operaron a José Ángel saliendo muy bien, la vi por última vez despidiéndonos con un gran abrazo y ella muy agradecida por lo que todos habían hecho por ellos.

Hay muchos niños y jóvenes que esperan por muchos días o meses, el momento oportuno para ser operados, por lo que conviven y llegan a estimarse entre pacientes y enfermeras; comparten momentos de esparcimiento en la «Escuelita» guiada por una maestra, quien los anima a hacer alguna actividad manual o académica. Está unidos en una fraternidad en donde solamente los une el ánimo de ser sanados, para continuar con su vida llena de esperanzas.


En el encabezado: Patricia Pacheco Prado y José Ángel en el Instituto Nacional de Cardiología en la Ciudad de México.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *