Precursoras del Patrimonio CCVI en México (1985-2020)

por Oct 20, 2020¿Qué hacemos?, Blog0 Comentarios

Escrito por Hist. Liliana Totoricagüena Raya, Ciudad de México, México.

Abordar el proceso histórico de un archivo no es tarea fácil, debido a que los sujetos encargados de la preservación de la memoria no suelen ser los protagonistas ya que su labor se considera como administrativa. Por ello, en ocasiones es complicado saber su interacción o formas de trabajo en el acervo.

Así que indagar cómo un documento, una fotografía, una revista, un libro, una entrevista, etcétera llega al archivo es interesante y a la vez un enigma porque cada ejemplar tiene una historia por sí misma. Es como si un código se fuera haciendo visible a la luz de los archivistas, pues se termina por comprender la causa y el efecto de ciertos fenómenos y sucesos. Por ello, gracias a nuestros predecesores es posible conocer el pasado y mostrar soluciones en el presente, sobre todo, para el caso de la Congregación de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado, en Casa San Ángel, el asiento de la congregación en México.

Por tal motivo, mi pretensión en estas breves líneas es hacer énfasis en aquellos personajes que de alguna manera directa o indirectamente contribuyeron a la formación del acervo documental de la Congregación de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado de la Provincia Mexicana, pues generalmente en algunos artículos y publicaciones de la misma organización se ha destacado el trabajo archivístico realizado en San Antonio Texas alrededor de la década de 1970.

No obstante, las circunstancias en México han sido muy distintas respecto a la información, porque cada ministerio ha generado su propia documentación y construido su propia historia. En muchas ocasiones la documentación se ha mantenido dispersa en varias comunidades, hospitales y escuelas pertenecientes a la Congregación. Por tal motivo, puedo decir que los primeros intentos de construcción del archivo en San Ángel han sido, sin lugar a dudas, desde la parte administrativa y la función de varias hermanas que se encargaron de las secretarías de la Provincia de manera oficial. Esto se puede constatar en los directorios, publicaciones y correspondencia de 1985 a 2020.

Uno de los tantos casos afortunados que se preservan y que es menester reconocer su labor póstuma, en los asuntos archivísticos, es de Sor Isabel de la Trinidad Rodríguez, quien del periodo de 1984 a 2008 fungió como Secretaria Provincial. Así pues, ella se encargó de la ordenación de la correspondencia entre las Superioras provinciales y generales. Además, su preocupación radicó en mantener en orden los expedientes personales de las hermanas activas, salientes y difuntas. Esto para una administración tan activa como lo es la Congregación el resultado fue sensacional, porque hoy en día nos permite entender las preocupaciones de cada administración y su devenir.

En un ámbito semejante nos encontramos con el caso de Sor Martha Irma Almanza, que si bien es cierto, su trabajo se constituyó en el campo de las comunicaciones pero gracias a ello dejó un legado muy importante en el ámbito de la difusión y le dio un giro a los asuntos que se trataban en cada ministerio a través principalmente de las publicaciones de “Una Carta,” pues desde la primera edición en 1989 hasta el fallecimiento de Almanza en 2004 se conoció de forma más directa y diversa las contribuciones de las hermanas no sólo entre ellas, sino también entre los laicos que se hicieron participes de las actividades y el carisma congregacional.

Editoras trabajando: Sor Eilish Ryan (San Antonio), Sor María Elena López (St. Louis), y Sor Martha Irma Almanza (México)

De Sor Martha Irma Almanza tenemos mucho que decir desde varias perspectivas en el ámbito periodístico, pero quiero destacar algunas de las temáticas o rubros que hasta hoy han sido benéficos en el acervo documental, ya que “Una Carta” reflejaba el legado institucional de los ministerios de Gobierno, Educación, Salud y Pastoral Popular esencialmente, ya que la correspondencia ordinaria, en varias ocasiones, sólo se trataba de asuntos administrativos y de logística lo que la hacía un tanto monótona. En cambio, la difusión de la revista tal parece que motivaba a las religiosas en su labor, a los colaboradores, estudiantes y laicos en sus contribuciones sociales.

Asimismo, alrededor de 2009 Sor Magdalena Caballero y Sor María del Socorro Fuentes fueron las sucesoras de su colega Sor Isabel de la Trinidad Rodríguez, pues continuaron con el orden preestablecido en los expedientes personales y en la correspondencia. Si bien es cierto, este sistema funcionó de una manera práctica para cualquier trámite relacionado con las hermanas. En el caso específico de un archivista no son únicamente cúmulos de papeles obsoletos ya que nos permite realizar estudios más pormenorizados, por ejemplo, estadísticas y estudios prosopográficos para dar cuenta cómo cambian las corporaciones, su relación con el medio social y presentar ciertas soluciones cotidianas.

Hacia la segunda década del siglo XXI Sor María Luisa Vélez al observar la importancia y complejidad de los archivos promovió que hubiera una clasificación más especializada de la documentación de la Congregación en México, por lo que sería considerada como la fundadora del repositorio. Por ello, entre 2010 y 2011 Sor María Guadalupe (Lupita) Moreno Flores asume la dirigencia del acervo y de forma oficial aparece el cargo en el directorio publicado para el periodo 2013-2014. Su labor cada vez se fue aproximando a la idea de un archivo histórico debido a que comenzó a organizar la información más sistemática por ministerios de Educación, Salud y Pastoral Popular.

Sor María Guadalupe (Lupita) Moreno Flores

Cabe destacar el arduo trabajo de Sor Lupita Moreno, ya que logró realizar –de manera general– un primer catálogo para la compresión de sus sucesoras o personas interesadas en la investigación. Sin embargo, a lo largo del tiempo el archivo se hizo más extenso y requirió de una organización más compleja que atendiera la preservación, restauración, conservación, logística y empleo más constante de medios electrónicos.

Ante tales circunstancias, la Congregación solicitó el apoyo de personal laico que ayudara a resolver las situaciones presentadas en el archivo. Así pues, la intervención de Erika Suárez consistió, en primera instancia, en la solicitud de mobiliario básico en un fondo documental como: Anaqueles, fólderes especiales, cajas especiales para guardar material gráfico, hemerográfico, audiovisual y materiales propios de restauración. Aquí es donde podría destacar el trabajo de Suárez ya que debido a otros menesteres relacionados con la investigación y solicitud de toda la información creada en los ministerios –para la celebración del Sesquicentenario congregacional– se quedó pendiente la clasificación documental.

Entonces, así es como vemos los cambios y las necesidades del acervo en cada tiempo y circunstancias. Por lo que a mí me ha correspondido, al revés de mi predecesora, atender prioritariamente la clasificación especializada de la información para después retomar los procesos de conservación.

A manera de conclusión, quizá con el tiempo surgirán más nombres de colaboradores que han permitido aproximarnos a la realización de un archivo útil que contribuya a la creación de nuevas visiones, ideas y soluciones que se nos van presentando.

No obstante, como señalé –al inicio de este escrito– las personas encargadas del valor e importancia documental suelen darse por hecho y no hacerles al menos una justa mención, pues en muchas ocasiones la archivonomía se piensa que es un ejercicio de integración de materiales en cajas sin un sentido ni lógica. Además, la gente no suele apreciar los fondos documentales por considerarlos como “cosas del pasado,” pero hay que recordar que, gracias a esas experiencias, vivencias y aportaciones constatadas en este caso de las hermanas, quienes han logrado la construcción de un mejor país y es necesario reconocer sus contribuciones.

Por último y a manera de reflexión sobre la encomiable labor de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado, plasmadas en el fondo documental, me quedo con la frase célebre del poeta español Antonio Machado

“… Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay caminose hace camino al andar. Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar… “

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